19 de julio de 2017

Jaque mate

Hoy conocí una chica. Se llama igual que vos. Es simpática, o le caigo bien al menos. No habla mucho que digamos, pero logré que me cuente bastante de ella. Igualmente ya me olvidé la mayor parte de lo que me dijo. Es linda, si. Me resulta agradable, se ríe de mis chistes, me presta atención y demuestra iniciativa para mandarme mensajes.
Es rubia, o lo intenta. Yo me dejó mentir, porque no me afecta mucho. Algunas de las cosas que me contó me inquietan. No estudia, por ejemplo. Dejó. Vive bastante lejos en comparación con vos, pero no empecemos a comparar mejor...
Y nada, compré. Como compro siempre. Por comprar. Por costumbre. Por hábito. Pero ya me arrepentí, como tantas otras veces. Es que, en definitiva, todos sabemos cuándo si y cuándo no... Y yo sé que no. Sé que es cosa pasajera. O esporádica a lo sumo, dada la naturaleza de la relación. Pero es un no, a fin de cuentas.
Y tiene tu mismo nombre. Se llama igual que vos. Lo cual es problemático, al menos desde hace un rato. Te escribí. Y me escribió. Mismo nombre. Pensé que era vos, respondiendo.
¿Sabes qué frustrante fue leer su apellido?
Tan decepcionante como reconocer que no era tu foto de perfil. Y no es culpa de ella. Pobre. No se lo merece, hizo todo bien. Pero tiene tu nombre... ¿Que puedo hacer yo? ¡Nada!
¿Sabes donde quedó mi concepto de ella ahora? ¿Tenes idea de por dónde lo dejaste? No sabría ni como explicarte... Me hace acordar a las partidas de ajedrez con mi viejo. Yo siempre tenía la jugada maestra, la jugada ganadora, y de repente... Jaque mate. Mi jugada era un fiasco. Fue un fiasco todo el tiempo, de hecho. Pero yo no lo veía. Hasta que veía la jugada de mi viejo... Siempre mejor que la mía. Más brillante. Más compleja. Superior. SIEMPRE...
¿Cuántos jaque mate faltan para que me toque ganar?
¿Cuántas con tu nombre tienen que pasar?

11 de julio de 2017

8

Tenés idea cómo se siente estar enamorado de una misma mujer desde hace 8 años?

29 de enero de 2017

Los ojos no cambian

Di con una foto tuya a la pasada, y tuve que dejar de scrollear y volver un poquito para arriba. Tenía que acomodar la imagen en mi cabeza porque tu foto estaba al revés. Supongo que sonreí cuando asimilé la imagen, la verdad es que no lo recuerdo, pero ahí estabas. Vos.
Boca arriba en una hamaca paraguaya, esbozando una sonrisa traviesa, como si supieras que tuve que dar vuelta el celular para mirarte mejor. Tenés el pelo más corto, más oscuro tal vez, la piel más clara que antes (como si fuera posible). También te noto más flaca, aunque más voluptuosa, y ya no aparentas menos edad de la que tenés. Algunos rasgos avisan que pasamos los 20 hace rato, pero no por eso perdimos encanto. Cambiaron muchas cosas. Cambiaste en muchas cosas.
Pero descubrí algo en tu mirada que me remitió a épocas pasadas. Algo ahí, en tus ojos, una especie de cachetada del pasado, que me metió recuerdos en la cabeza e imágenes en la retina. Imágenes tuyas, de hace años, que quedaron por ahí. De cuando íbamos al colegio, de cuando te teñías el pelo, de cuando escuchábamos Reyes de la noche por primera vez, de los viajes en el 326, de cuando The Killers era la banda de moda...
Y entendí que los ojos no cambian. Que son una constante desde el primer día en cada recuerdo que tengo de vos. Y que por eso me trajeron esta dosis de pasado. Entendí que verte a los ojos hoy, es igual que ver a los ojos a la piba que conocí con 15 años. Que pueden pasar millones de cosas, millones de personas y millones de años, pero cada vez que te mire a los ojos voy a volver a tener 15, voy a volver a Villa Bosch, voy a volver a enamorarme.